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Thursday, 12 August 2010 |
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Por Isaac Bigio El 7 de agosto Juan Manuel Santos juró como el 59* Presidente de Colombia. El ha llamado a tender la mano a sus adversarios para solucionar las dos características que más han venido destacando a su país dentro de las Américas. Una es la de ser allí la república con el más antiguo y profundo conflicto armado interno y otro es la de ser la que tiene más problemas con sus vecindario. Desde hace más de 6 décadas Colombia ha sido el escenario de numerosas guerrillas, las mismas que, tras el ejemplo de la revolución cubana de 1959, adquirieron una fisonomía pro-castrista. Estas, a su vez, han llegado a dotarse de decenas de miles de combatientes y simpatizantes, y a controlar importantes zonas de la república, algo que nunca antes ni después ha conseguido otra guerrilla de raíz marxista en Sudamérica. El término ‘colombización’ ya no se usa tanto para referirse al proceso de división de una república (pues la de Panamá en 1903 fue la última fractura de Colombia), sino para el ingreso de una nación a una situación donde muchos grupos armados controlan diversas partes del territorio. Si Santos no logra revertir los conflictos interno y externo que tiene Colombia, el proceso de colombización puede salpicar al resto de la región ya sea generando un rebrote de grupos armados internos (como en el Perú o Centroamérica) o radicalizar a los movimientos regionalistas hacia una forma de separatismo (en el caso de Venezuela, Ecuador y Bolivia).
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