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El Futuro de Colombia PDF Imprimir Enviar nota a un amigo
Thursday, 27 May 2010

Desde hace muchos años, quizás más de lo imaginable para muchos, Colombia está sufriendo una crisis de violencia que casi puede decirse que se “institucionaliza” en el sentido de ser permanente. Los que atentan contra la paz colombiana cuentan con equipos militares de gran importancia y que requieren conocimientos especiales de quienes usan esas armas.

El presidente Álvaro Uribe ha gobernado con el mayor acierto posible dentro de las circunstancias. Sin embargo, no ha logrado todo lo deseado y lo que necesita Colombia. La presencia del tráfico de drogas ha complicado inmensamente el problema de la paz y de la seguridad colombiana.

Disponiendo de grandes recursos económicos, los agentes de la subversión y del terrorismo en Colombia han echado raíces profundas en contra de la estabilidad nacional entendida en términos de genuina paz y de auténtica democracia.

Cuando faltan muy pocos días para elecciones generales en el país, la subversión continúa su labor destructora, lo cual limita inmensamente las esperanzas de una paz permanente. La permanencia de la paz en Colombia tiene que estar subordinada a las duras realidades del país. Pero bien podría ser una realidad, aunque con limitaciones.

Quienquiera que gane en las elecciones este domingo 30 de mayo, tendrá que enfrentarse a una situación muy grave, aún cuando el respaldo popular que el nuevo gobierno tenga será de gran importancia para su consolidación y su prestigio nacional e internacional. Afortunadamente, los dos candidatos de mayor significación, Santos y Mockus, están rodeados de dirigentes serios que reciben el respaldo de grandes sectores civilizados de la población. Y por civilizados hay que entender que les dan preferencia a las instituciones democráticas sobre sólidas bases de paz social y de seriedad política.

La paz en Colombia no solamente beneficiará a ese gran país sino también a muchos que integran Iberoamérica. Si esa paz no se consolida razonablemente, los sobresaltos continuarán en perjuicio de ese gran país que merece ser república y también en perjuicio de otros países de la región. El noble pueblo colombiano, que ha luchado durante varios decenios a pecho descubierto por la paz, merece entrar en un período de sosiego y de tranquilidad democrática sobre bases republicanas. Que Dios así lo quiera.

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