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Al final se logró. La reforma médica es una realidad. El voto en la Cámara de Representantes es una victoria de todos los estadounidenses, de los que tienen seguro médico y de los que carecen de él. Este es un triunfo del consumidor en el área de la vida más importante y personal, la salud. El proceso para llegar a este momento no fue agradable.
Las acusaciones y calumnias estuvieron a la orden para desbarrancar la reforma —desde los paneles de la muerte hasta el arribo del socialismo— fue incesante y, por suerte, infructuoso. En realidad la reforma aprobada es una apuesta al mercado libre al quedar afuera la opción pública.La base del sistema actual no ha cambiado, sino que se ha reforzado las protecciones de los pacientes y de los asegurados ante las acciones abusivas de la industria del seguro. Al mismo tiempo, se establecen resortes para que haya una cobertura continua prácticamente para todos los estadounidenses. Es cierto que esta reforma perjudica a los indocumentados, dejándolos en una situación más precaria que antes. Esta ley está lejos de ser ideal. Sin embargo, varios millones más de latinos podrán acceder a una cobertura médica de la que hoy carecen. Esto reducirá el elevadísimo porcentaje de personas sin seguro en la comunidad hispana. Muchas familias trabajadoras ahora podrán acceder a una cobertura de salud. El sistema económico de nuestro país no está en peligro con la aprobación de esta reforma de salud. Una población temerosa de perder la atención médica o de quedar en la bancarrota ante la posibilidad de una enfermedad no es una señal de un sistema estable. Por el contrario a la crítica de los opositores, la aprobación de la reforma fortalece la economía porque protege lo más valioso que posee, la gente. |