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Indudablemente estas fiestas de fin de año no van a ser del todo placenteras para la mayoría de gente que vive en este país. Así es, al margen del estado migratorio, idioma y forma cultural de celebrar las fiestas decembrinas, la recesión económica ha afectado a casi todos en general.
Es cierto que a unos más que a otros, pero repetimos de una forma u otra nos ha afectado a todos. La recesión económica ha causado que miles pierdan su empleo, su casa, su vehículo, sus beneficios como seguro de salud y fondo de retiro. Lamentablemente el cúmulo de toda esta carga y presión emocional, ha hecho que muchos terminen perdiendo lo más importante que puede tener un ser humano: La Familia y la Salud. Habemos quienes creemos que la economía, ó sea el dinero y los ingresos con que cuenta una persona, juegan un papel sumamente importante en el núcleo familiar. Hay otros que repiten constantemente que "el dinero no lo es todo en la vida" y que más vale contar con el amor y la unidad familiar. Los primeros dirán que cuando no hay dinero para pagar la renta, cuando estamos a punto de perder el carro por falta de pago ó cuando nos van a cortar el teléfono agua, luz etc, etc, porque no tenemos dinero, hasta la miel sabe amarga. Los que opinan al revés dirán que si se tiene el apoyo de la familia aunque no haya dinero para nada, podemos ser felices. Creemos sinceramente que como cualquier tema que va ligado a la forma en que está formada nuestra sociedad, será difícil ponernos de acuerdo. Sin embargo hay una verdad irrefutable. Si queremos, podemos ponernos de acuerdo, si cedemos un poco en nuestros puntos de vista y aceptamos aunque sea en parte que los demás tienen la razón, podemos encontrar un punto medio en el que de verdad todos nos sintamos conformes y por ende felices. Ese solo gesto tan pequeño y tan grande a la vez de despojarnos de tan solo un poco de nuestra soberbia, puede lograr efectivamente la paz, el amor y la armonía que todos quisiéramos tener en nuestros corazones y en nuestras familias. En otras palabras, debemos tratar de ser humildes de acto y de corazón. Y la Navidad se trata precisamente de eso. Del nacimiento humilde del ser más grande que haya podido nunca existir. Un ser que cuya humildad lo llevó a entregar su propia vida para tratar de que entendiéramos el misterio de la vida misma. ¿Cuántos de nosotros estamos viviendo una situación difícil debido a la recesión económica? ¿Cuántos de nosotros estamos justificando una actitud pesimista y a veces hasta agresiva por lo que estamos pasando? ¿Cuántos de nosotros nos hemos olvidado de todo lo que Dios nos ha permitido tener antes de que los tiempos no fueran tan buenos? A través de este editorial y de estas líneas solo queremos desearles que en estas fiestas Navideñas en que recordamos el nacimiento de Jesús en un humilde pesebre de Belén, también permitamos que en nuestros corazones nazca cada día la humildad, el amor, el agradecimiento por todo lo que tenemos y por quienes tenemos en nuestras vidas. Si de verdad tenemos Fe, dejemos que el niño Dios nazca cada día no solo el 25 de diciembre. ¡FELIZ NAVIDAD! |