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El problema del hambre no es la falta de alimentos, sino la dificultad que tienen los más pobres para poder comprarlos. Y así lo confirma el más reciente informe de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y el Programa Mundial de Alimentos (PMA).
El informe revela una paradoja del presente año ya que se alcanzó la peor cifra histórica de personas afectadas por el hambre: más de 1,000 millones o un sexto de la población mundial, y a la vez es el año que más se produjo alimentos. En nuestra región latinoamericana la situación es dramática. "Nuestros cálculos apuntan a que hay un 30% de excedente alimentario en la región. Los alimentos no faltan. El problema es el acceso", le dijo a la BBC José Graziano da Silva, representante de la FAO para América Latina y el Caribe. La región va en franco retroceso. "De los 52 millones de desnutridos en el bienio 95-97, se pasó a 45 en el 2004-06. Sin embargo, en 2008 el número de hambrientos subió a 47 millones y en 2009 dio un nuevo salto hasta los 53 millones. Todo lo que se había avanzado se ha perdido", se quejó Germán Rojas, un alto funcionario de la FAO. La causa más visible del incremento del hambre en el mundo es la desigualdad, agudizada por la crisis económica global -precedida por alzas históricas en los precios de los alimentos-, que ha disminuido los ingresos de los más pobres por la masiva pérdida de empleo y también por la baja en el envío de remesas familiares por parte de los inmigrantes de las naciones pobres que trabajan en países ricos. Por lo menos 2,000 millones de personas viven bajo el umbral de la pobreza y se ven obligadas a destinar entre el 70 y el 80% de sus ingresos a alimentación, según datos de la ONU. A esa desigualdad socioeconómica que no permitió reducir la pobreza ni en momentos de crecimiento de la economía mundial, debe sumarse también el incremento de la población del planeta -a mayor ritmo en los países más pobres- y el calentamiento global que está ocasionando estragos en amplias zonas del mundo, como África, y en nuestro propio vecindario, tal es el caso de Guatemala, donde una histórica sequía causó pérdidas de cosechas hasta de un 90% en algunas zonas. La realidad demuestra que existen los medios para enfrentar con éxito el hambre, pero que falta voluntad política de los estados para lograrlo. Es urgente que el mundo deje de gastar tantos recursos en armas, en guerras, a fin de que se respete el más elemental de los derechos humanos: el derecho a la alimentación. |