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El fallecimiento del senador Edward (Ted) Kennedy es una gran pérdida para la nación. Se extrañará su voz en el Senado, la cual por más de 40 años luchó por los derechos de las minorías y la justicia social. El legislador del Massachusetts tiene un sitio de honor dentro de la comunidad hispana por su labor infatigable por los derechos de los inmigrantes.
Basta recordar que desde 1965 hasta el año pasado su marca personal estuvo en cada proyecto de reforma migratoria. Él fue un firme creyente del valor y la dignidad de los inmigrantes y así los defendió hasta el último momento.Este respaldo fue un compromiso inclaudicable con los derechos civiles. Su primer discurso en el pleno del Senado fue en apoyo a la Ley de Derechos Civiles de 1964. Desde entonces mantuvo una larga cruzada en protección de los derechos de los votantes y contra la discriminación hacia afroamericanos, latinos, gays, discapacitados y ancianos. Kennedy fue en muchas ocasiones la conciencia del Senado, oponiéndose a las medidas que perjudicaban a los más vulnerables; al mismo tiempo hacía todo lo posible por mejorar las condiciones laborales, la calidad de la educación y la atención médica, esta última fue otra de sus causas más preciadas . El nombre Kennedy está muy cerca del corazón de los latinos. Nuestra comunidad compartió la esperanza que significó el arribo a la presidencia de John F. Kennedy y se conmovió con su homicidio. Lo mismo con su hermano Robert Kennedy, quien se solidarizó con la justa lucha de Cesar Chávez hasta ser asesinado durante la campaña presidencial de 1968. El fallecimiento de Ted, el hermano menor de los tres, cierra un capítulo en la historia de la generación de una familia extraordinaria que, pese a su cuna de privilegio, se identificó con las luchas de los más humildes. Ted Kennedy nunca pudo lograr su ambición presidencial, la tragedia de Chappaquiddick frustró este deseo. Él no pudo ser presidente, en cambio fue uno de los grandes senadores en la historia de la Cámara Alta. Así como hoy se echa de menos la presencia de Kennedy en el debate sobre la reforma de salud, su ausencia crea un vacío irremplazable en las próximas discusiones sobre la reforma de inmigración, la protección a los trabajadores y las garantías para una educación equitativa, entre otros temas. La compasión y la justicia perdió un aliado en el Senado. Los latinos, por su parte, tienen hoy un amigo menos, que dedicó su vida a defenderlos. |